Apurímac, 11 setiembre 2026.- Vladímir Putin aterrizó en Nueva Delhi la madrugada de este viernes, en su primer viaje fuera de Rusia a una cumbre BRICS desde que empezó la operación militar especial en Ucrania en febrero de 2022. A las 3:30 de la tarde se reunió con Narendra Modi en Bharat Mandapam, la primera de quince citas bilaterales que el primer ministro indio sostiene a lo largo de la cumbre.
Modi le regaló una traducción rusa del Thirukkural, el clásico tamil de mil trescientos treinta versos sobre ética y gobierno, y los dos revisaron la meta de llevar el comercio bilateral a 100.000 millones de dólares para 2030, desde los 60.000 millones actuales.
Masoud Pezeshkian llega horas después, con Irán todavía bajo ataque, para su propio encuentro con Modi al filo de las siete de la noche. Xi Jinping aterriza recién este sábado, y se hospeda en el hotel Taj. Ninguno de los tres viaja para firmar algo nuevo. El grueso del trabajo ya está hecho, y se hizo lejos de las cámaras.
Durante el último año de presidencia india, el bloque sostuvo 35 mesas de trabajo repartidas en 30 ciudades, de Jaipur a Chandigarh y Lucknow. De ahí salieron un plan de cadenas de valor con horizonte 2030, una red de agricultura digital que coordina herramientas geoespaciales y un marco logístico pensado para resistir choques arancelarios, piezas que nadie fuera del circuito diplomático conoce por su nombre y que van a seguir funcionando aunque la declaración final se quede corta.
Once países llegan a esta cumbre. Representan casi la mitad de la humanidad.
Y superan en tamaño económico al bloque que hasta hace poco definía las reglas del juego. La pregunta que domina la cobertura en inglés sigue siendo la misma de siempre, si el BRICS es una amenaza para Estados Unidos. Esa pregunta, medida con datos y no con suposiciones, tiene una respuesta más incómoda que un sí o un no.
El investigador Sarang Shidore, del Instituto Quincy, documentó por qué nadie puede ya descartar al grupo como un club de charla. Sus Estados miembros representan el 48% de la población mundial y el 39% del producto medido en paridad de poder adquisitivo en 2025, con un crecimiento promedio del 6,2% anual entre 2003 y 2024, frente al 3,0% del planeta en el mismo lapso.
El comercio entre ellos pasó de 84.200 millones de dólares en 2003 a 1,17 billones en 2024. En paridad de poder adquisitivo, los cinco fundadores ya superaban al G7 en 2019, y la brecha crece cada año desde entonces.
La presidencia india redondea esas cifras hacia arriba, al 49% de la población y al 40% del producto. La diferencia depende de un detalle que nadie termina de resolver. Arabia Saudita fue invitada en 2023, participa en reuniones y figura en los listados oficiales de Nueva Delhi, pero nunca confirmó en público su ingreso formal. Es una ambigüedad que le sirve a Riad como ficha de negociación frente a Washington.
De ella depende si el Nuevo Banco de Desarrollo recibe algún día capital del mayor exportador de crudo del planeta.
La disputa real se libra puertas adentro
Los investigadores Johannes Petry y Andreas Nölke, de la Universidad Goethe de Fráncfort, midieron esa disputa país por país y tema por tema, en un estudio que publicó Cambridge University Press. Analizaron once economías, los cinco fundadores del BRICS más Estados Unidos y Reino Unido como referencia, para ver dónde se apartan de las reglas financieras que Washington y Londres diseñaron después de la Segunda Guerra Mundial.
Su hallazgo central desarma buena parte del debate mediático. La disputa no ocurre sobre todo en las cumbres ni en foros como el Fondo Monetario Internacional. Ocurre puertas adentro de cada país, en la manera en que cada Estado maneja su banco central, sus reservas, sus bancos y sus empresas, y también se extiende hacia afuera de manera informal, entre países, mucho antes de tocar las instituciones internacionales.
Las cifras que sostienen ese hallazgo no habían circulado antes en español. China concentraba el 26,1% de las reservas mundiales de divisas, India el 4,7%, Rusia el 4,2% y Brasil el 2,7%, mientras Estados Unidos apenas llegaba al 0,3% y el Reino Unido al 0,9%. No es casualidad.
Refleja una desconfianza estructural hacia un sistema que, en una crisis, puede convertir esas reservas en un arma contra quien las guarda. Los bancos nacionales de desarrollo cuentan una historia parecida. Los activos del banco de desarrollo chino equivalen al 243,2% del producto interno del país, y los del banco brasileño al 93,6%, cifras sin equivalente en el mundo anglosajón.
El estudio también identifica quién empuja más fuerte. China, India y Rusia son los principales contestatarios del orden financiero liberal, mientras Brasil y sobre todo Sudáfrica se acomodan mejor a sus reglas. Ese matiz importa para leer lo que va a pasar en Nueva Delhi. No hay un BRICS homogéneo empujando en la misma dirección. Hay una franja asiática que reescribe sus propias reglas internas y una franja atlántica que negocia dentro del sistema existente en lugar de crear uno alternativo.
La brecha detrás de la foto
Think BRICS fijó en 4,2 billones de dólares el número que ordena la agenda financiera de esta cumbre BRICS 2026, la brecha estimada de financiamiento para pequeñas y medianas empresas en ocho economías del bloque ampliado, cerca del 20% de su producto combinado. Detrás de esa cifra hubo trabajo técnico concreto. Funcionarios de finanzas estandarizaron la documentación aduanera y comités técnicos mapearon la interoperabilidad de los sistemas de pago transfronterizos.
Son las firmas que dan trabajo a la mayoría de la gente en el Sur Global. Y son las que peor atiende un sistema de crédito internacional diseñado para otro tipo de deudor, con condiciones del Fondo Monetario Internacional que rara vez encajan con la realidad de un taller mecánico local o una cooperativa agrícola.
La respuesta que se presenta en Nueva Delhi es una facilidad de crédito para pymes respaldada por el banco indio Sidbi y el Eximbank. En paralelo, más de 500 inversores institucionales se reunieron en la cumbre paralela iBRICS para mapear rutas de inversión que no dependan del dólar para un fondo de 1 billón de dólares de capital soberano. El sistema de pagos digitales indio, conocido como UPI, ya se está conectando con el Pix brasileño, y varios bancos centrales prueban corredores de moneda digital todavía en fase piloto.
El caso indio muestra dónde está el límite del proyecto. Nueva Delhi promueve el comercio en rupias con una mano, y con la otra paga el petróleo ruso en yuanes, porque la rupia no tiene suficiente liquidez en Moscú. No es una contradicción que invalide el proyecto. Es una fecha en el calendario de algo que todavía está a medio construir.
Antes de partir hacia India, Pezeshkian resumió esa apuesta con una frase directa. «El nuevo banco del BRICS se creó para liberar a los países de la dependencia del dólar y para plantarse frente al impulso de dominación de Estados Unidos», declaró a la prensa iraní.
El Nuevo Banco de Desarrollo sigue siendo la pieza que mejor funciona, y también la que mejor mide la distancia que falta por recorrer. Shidore documentó que aprobó financiamiento por más de 40.000 millones de dólares en más de 120 proyectos, sin que ningún país tenga poder de veto sobre sus decisiones, que se toman por mayoría simple. El Banco Mundial, para dar una idea de escala, desembolsó 118.500 millones de dólares solo en 2025.
Ese contraste de escala es la medida real del camino que le falta al bloque.
En agosto, la reunión de ministros de Comercio en Jaipur terminó sin declaración conjunta por las tensiones en Asía Occidental, y aun así los funcionarios lograron aprobar un mecanismo de descuento de facturas para el comercio entre pequeñas empresas. El titular que se escribió esa semana fue el fracaso político.
El dato que de verdad importa es que el trabajo técnico siguió andando debajo de ese fracaso.
El dólar resiste, pero Eurasia ya paga distinto
Ningún analista serio, ni siquiera dentro del propio bloque, sostiene que el dólar esté en riesgo inmediato. El Atlantic Council calculó que la divisa estadounidense concentraba el 57% de las reservas mundiales, el 54% de la facturación de exportaciones y el 89% de las transacciones cambiarias en agosto de 2026, cifra que difundió el informe de Quincy. Brasil e India negaron de forma explícita cualquier intención de crear una moneda rival.
Lo que sí avanza es la tubería por donde corre el dinero, no la moneda que circula por ella. Un sistema de mensajería financiera descentralizado no exige crear una divisa común ni ceder soberanía monetaria. Ese proyecto lleva once años sobre la mesa sin terminar de construirse. El Nuevo Banco de Desarrollo se fijó una meta modesta y verificable, que el 30% de sus préstamos se emita en monedas locales antes de que termine 2026.
Diez días antes de Nueva Delhi, otra cumbre ya había resuelto ese problema a una escala mucho mayor. La Organización de Cooperación de Shanghái cerró su reunión en Bishkek, Kirguistán, y Vladímir Putin anunció ahí que el comercio de Rusia con el bloque llegó a 400.000 millones de dólares.
El 98% de ese comercio ya se liquida en monedas locales.
Ese número desnuda la modestia de la meta del Nuevo Banco de Desarrollo. El economista Yaroslav Lissovolik, quien en 2017 propuso la idea original de una moneda común para el BRICS, explicó en una entrevista con Brasil de Fato que la Organización de Cooperación de Shanghái y el BRICS comparten hoy cuatro miembros plenos, Rusia, China, India e Irán, y hasta once si se cuentan socios y observadores.
Por ese solapamiento avanza el corredor que conecta Bombay con Irán y de ahí, cruzando el mar Caspio, con San Petersburgo, una ruta que esquiva el canal de Suez y que atraviesa exactamente a los tres países sentados en ambas mesas.
Lissovolik llama a esa convergencia OCS Plus, una plataforma eurasiática capaz de sumar además a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y al Consejo de Cooperación del Golfo. Es la pieza que faltaba para leer el techo del 30% del Nuevo Banco de Desarrollo de otra manera, no como una meta ambiciosa, sino como el primer peldaño de una escalera que otros ya subieron.
Ormuz explica el silencio sobre la guerra
Hay un ausente incómodo en el programa oficial de esta cumbre, y es la guerra que sufre uno de sus propios miembros. El estrecho de Ormuz sigue cerrado desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán. El Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos documentó que por ese corredor pasaba cerca del 25% del comercio marítimo mundial de crudo y derivados antes del cierre, y la Agencia Internacional de Energía calificó lo ocurrido como la mayor interrupción de suministro registrada en la historia del mercado petrolero.
El Brent llegó a cotizar un 16% por encima de su nivel previo a la guerra el 10 de agosto, y la Reserva Federal de Dallas calculó que un cierre prolongado le resta 2,9 puntos porcentuales al crecimiento mundial anualizado.
Los cancilleres reunidos bajo presidencia india en mayo no lograron acordar un texto sobre el conflicto, sobre todo porque la guerra enfrentó a Emiratos Árabes Unidos con Irán, dos socios incorporados hace apenas un año al bloque, reconstruyó Shidore. Un año antes, bajo presidencia brasileña, el grupo sí había emitido un comunicado de grave preocupación por el ataque.
Ese margen se cerró.
La explicación no es diplomática, es petrolera. China importa cerca del 70% del crudo que consume, y el 90% de ese volumen llega por barco, así que el cierre de Ormuz la golpea de frente. La firma de datos Kpler registró que en 2025 recibió más de cinco millones de barriles diarios por ese paso, con Arabia Saudita como primer proveedor e Irán como segundo, cifras que retomó el economista Carlos Madrid para el Observatorio Económico Latinoamericano.
Rusia, en cambio, sale ganando. Madrid calculó que entre el 1 y el 15 de marzo el país recaudó 7.700 millones de euros por exportaciones de combustibles fósiles, unos 513 millones diarios frente a 472 millones en febrero, una diferencia que a ese ritmo le suma al Kremlin cerca de 14.700 millones de euros al año. India, que importa el 85% del petróleo que consume, se limitó a pedir moderación sin condenar a nadie.
Esa es la lógica que explica el silencio, no la falta de voluntad política. El BRICS no firma tratados vinculantes, así que sus comunicados permiten a cada miembro seguir comerciando sin asumir el costo de tomar partido, sostuvo Madrid.
Lo que la prensa occidental suele leer como fracaso es, mirado desde otro ángulo, la condición que mantiene la mesa en pie.
Para Teherán, la cuenta salió más corta de lo esperado.
El bloque le ofrece legitimidad simbólica y cobertura diplomática, pero ni China ni Rusia mostraron disposición a exponer sus propios bancos a sanciones secundarias estadounidenses por defenderla, documentó el investigador Shahram Akbarzadeh para el Consejo de Medio Oriente sobre Asuntos Globales. El mecanismo de reversión de sanciones que Naciones Unidas activó en septiembre de 2025 recayó sobre una economía que ya registraba una inflación anual del 37,1% en marzo de ese año.
Antes de la guerra, el bloque ya había atravesado otra fractura. Egipto y Etiopía se opusieron a mencionar por nombre a Sudáfrica como candidata a un Consejo de Seguridad reformado, algo que el grupo venía repitiendo sin objeción desde 2011, y esa oposición impidió otra declaración conjunta en abril de 2025, registró Shidore. El salto de cinco a once miembros no salió gratis.
La política interna de sus propios fundadores tampoco ayuda. Brasil vota presidente el 4 de octubre, y Jair Bolsonaro, hoy en arresto domiciliario, ya declaró que sacará al país del bloque si su hijo llega al poder. Por eso Lula da Silva no viaja a Nueva Delhi y delega la representación en su canciller. Ese asiento vacío pesa más de lo que parece, porque Brasil es la única voz latinoamericana con peso propio dentro del grupo, y una salida suya se llevaría también al mayor productor agrícola del bloque.
La Declaración de Nueva Delhi arranca con ese escenario detrás. El texto dirá si el grupo logra nombrar la guerra que golpea a uno de los suyos, o si repite el silencio de Jaipur. La facilidad de crédito, los corredores de pago, la meta de préstamos en moneda local y el corredor que ya conecta a Bombay con San Petersburgo quedaron construidos antes de que llegara ningún mandatario, y van a seguir funcionando lo escriban o no en ese documento.
En las próximas entregas de este Dossier vamos a entrar en cada país por separado, desde el peso específico de China y Rusia hasta el rol bisagra de India, la tecnología y la inteligencia artificial como nuevo frente de disputa, y el momento que atraviesan Brasil e Irán.
Fuente: TeleSurtv