Apurímac 29 abril 2026.- , La violencia empezó a expandirse de las grandes ciudades hacia las regiones del interior del país. En el sur empezaron a identificarse territorios donde el miedo es el pan de cada día. El último reporte del Observatorio del Crimen y la Violencia advierte ese cambio y muestra que la extorsión ya no se concentra en Lima; se ha redistribuido hacia el interior.
En ese movimiento, el sur registra un incremento en la incidencia extorsiva que pasó de 12 % en 2024 a 17 % en 2025, un aumento de más del 40 % en apenas un año. Ese informe sugiere la hipótesis de que el crecimiento de delitos como el “gota a gota” (préstamos informales con intereses abusivos) podría estar vinculado a cadenas productivas ilegales como la minería ilegal.
Es decir, donde crece la minería ilegal, crecen también las redes criminales que la sostienen con financiamiento informal, cobro de cupos, control territorial, extorsiones. Y cuando alguien no paga, actúa el sicariato. De acuerdo con el estudio, de los 1,826 homicidios registrados en 2025, la gran mayoría fue cometida con armas de fuego y está vinculada a sicarios asociados a redes de extorsión.
En la región Puno hubo 90 asesinatos y en Arequipa 67. Si de distritos más afectados hablamos, aparecen Ananea con 31 homicidios, Juliaca con 26, Puerto Maldonado con 23, Cerro Colorado con 12, etc. Estamos, entonces, ante una forma de violencia organizada de diferente manera en cada espacio geográfico.
Varios de los distritos con más homicidios, como Ananea, Juliaca o Puerto Maldonado, están directamente afectados por economías ilegales, especialmente la minería ilegal. A nivel nacional, en apenas 50 distritos se concentra el 59 % de los homicidios. Algunos de estos territorios son enclaves donde se disputan el oro y otros minerales.
La violencia llega al sur
Lima y la costa norte siguen liderando los índices de homicidios, pero el sur empieza a mostrar síntomas similares. Se notan índices de crecimiento de extorsión, expansión del “gota a gota” y presencia de economías ilegales que demandan protección armada.
En estas zonas, la violencia no siempre se expresa en cifras absolutas altas, sino en su velocidad de crecimiento y en su capacidad de penetración social. El problema no es solo el avance del crimen, sino la debilidad de la respuesta. Pese al aumento de denuncias por extorsión, según datos del estudio, el número de personas encarceladas por este delito prácticamente no ha variado en los últimos años.
Aunque hay más denuncias, la impunidad sigue siendo casi la regla. A eso se suma una Policía con limitaciones, escasa tecnología y casos de infiltración en sus propias filas.
Lo que está ocurriendo en el sur es parte de una mutación del crimen que se ha visto en otras regiones. Las economías ilegales dejaron se están convirtiendo en un serio problema, porque articulan extorsión, sicariato, financiamiento ilegal y control territorial.