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Terrorismo imperialista: la captura (secuestro) de Maduro

El secuestro terrorista del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del 2 al 3 de enero de este año, por parte del gobierno de Donald Trump, constituye una gravísima afrenta a la soberanía y la independencia de los países de América Latina y el Caribe.

Terrorismo imperialista: la captura (secuestro) de Maduro

Apurímac, 5 enero 2026.- El secuestro terrorista del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del 2 al 3 de enero de este año, por parte del gobierno de Donald Trump, constituye una gravísima afrenta a la soberanía y la independencia de los países de América Latina y el Caribe.

Díaz-Canel, presidente de Cuba; Gustavo Petro, de Colombia; y Gabriel Boric, de Chile, fueron los primeros en reaccionar con indignación. Es la primera vez que Estados Unidos ataca directamente a un país de América del Sur.

Lula reaccionó un poco más tarde, enfatizando que “los bombardeos en territorio venezolano y la captura de su presidente sobrepasan una línea inaceptable. Estos actos representan una afrenta gravísima a la soberanía de Venezuela y un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad
internacional”.

Lula afirmó además que la acción militar de la madrugada de este inicio de enero constituye una flagrante violación del derecho internacional y abre paso a un mundo de “violencia, caos e inestabilidad”. 

“Atacar países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo. La condena al uso de la fuerza es coherente con la posición que Brasil siempre ha adoptado en situaciones recientes en otros países y regiones”, añadió.

Lula subrayó que “la acción recuerda los peores momentos de la interferencia en la política de América Latina y el Caribe, y amenaza la preservación de la región como zona de paz. La comunidad internacional, a través de la Organización de las Naciones Unidas, necesita responder de forma vigorosa a este episodio. Brasil condena estas acciones y sigue a disposición para promover la vía del diálogo y la cooperación”.

Siempre han sido, como mínimo, tensas las relaciones de Estados Unidos con líderes latinoamericanos y caribeños que no concuerdan con su política imperialista basada en la Doctrina Monroe.

A lo largo del siglo XX, en el contexto de la Guerra Fría y de la política de contención del comunismo, Estados Unidos se involucró directa o indirectamente en acciones que condujeron a la deposición, muerte o desaparición de líderes latinoamericanos. La mayor parte de esas intervenciones ocurrió mediante el apoyo a golpes de Estado, operaciones clandestinas o alianzas con grupos locales.

Entre los casos más notorios se incluye el de Jacobo Árbenz, presidente demócrata de Guatemala. Derrocado en 1954 por un golpe apoyado por la Casa Blanca, murió en el exilio en circunstancias consideradas accidentales — ahogamiento— en 1971. Existen teorías no comprobadas sobre un asesinato. En ocasión del golpe, Che Guevara se encontraba en el país y logró refugiarse en México.

Ese mismo año de 1954, Estados Unidos promovió el golpe que implantó una dictadura militar en Paraguay. Diez años después, replicó la erradicación de la democracia en Brasil (1964), Argentina (1966 y 1976), Bolivia (1966 y 1971), Uruguay y Chile (1973).

El presidente de Chile, Salvador Allende, elegido democráticamente, murió durante el golpe militar de 1973, apoyado por Estados Unidos. La versión oficial es el suicidio, pero las circunstancias siguen siendo nebulosas y polémicas.

Omar Torrijos, presidente progresista de Panamá, falleció en un accidente aéreo en 1981. Persisten sospechas de la participación de Estados Unidos, aunque nunca fueron comprobadas.

El progresista Maurice Bishop, elegido primer ministro de Granada en 1979, fue derrocado, arrestado y fusilado en prisión en 1983, durante el golpe de Estado que precedió a la invasión estadounidense del país. Lo conocí en Managua, en julio de 1980, durante las festividades del primer aniversario de la Revolución Sandinista.

Manuel Noriega, militar que lideró Panamá de 1983 a 1989, era agente de la CIA. Sin embargo, por involucrarse con cárteles de drogas, fue derrocado por una invasión estadounidense, llevado a Estados Unidos y condenado a 40 años de prisión, de los cuales cumplió 17. 

Extraditado a Francia, este país lo envió a Panamá, donde volvió a ser encarcelado por crímenes cometidos durante su dictadura. Murió de cáncer cerebral en 2017, a los 83 años.

Por elección democrática, Jean-Bertrand Aristide, sacerdote vinculado a la Teología de la Liberación, presidió Haití en tres períodos; el último, de 2001 a 2004, cuando, debido a un conflicto entre exmilitares y sus partidarios, Estados Unidos intervino y lo retiró del país con el apoyo de tropas brasileñas.

Juan Orlando Hernández, quien presidió Honduras de 2014 a 2022, fue detenido en su país en febrero de ese año por orden de Estados Unidos. En junio de 2024, fue condenado por la justicia estadounidense a 45 años de prisión, acusado de vínculos con el narcotráfico, del cual habría recibido millones de dólares de cárteles para permitir el paso de cocaína por Honduras.

En diciembre del año pasado, Trump le concedió el indulto presidencial, alegando que Hernández fue víctima de “persecución política” y de una “trampa” del gobierno de Biden, aunque había sido condenado en Estados Unidos por fiscales que lo acusaron de haber transformado a Honduras en un “narcoestado”.

El indulto fue visto como una maniobra política de Trump para apoyar al partido conservador de Hernández en las elecciones hondureñas de 2025 y reforzar la base electoral del expresidente. La decisión generó críticas por contradecir la lucha contra el narcotráfico y la política exterior de Estados Unidos,
especialmente contra Venezuela, según analistas y republicanos.

Además de estos casos, existen informes sobre intentos de asesinato de líderes políticos en la región, desestabilización de gobiernos o apoyo, por parte de Estados Unidos, a regímenes que violaban los derechos humanos.

Cabe destacar que el líder cubano Fidel Castro, considerado durante décadas el enemigo número uno de Estados Unidos y que cumpliría 100 años ahora en 2026, falleció tranquilamente en su cama, rodeado de su familia, en noviembre de 2016. Y Raúl Castro, su hermano, continúa activo a los 94 años.

Es crucial consultar fuentes históricas sólidas y considerar el contexto político de cada época al analizar estos acontecimientos. Muchos documentos han sido desclasificados en los últimos años, revelando la participación de Estados Unidos en operaciones clandestinas, pero también mostrando que los resultados no siempre fueron los previstos.

Para un estudio más profundo, recomiendo obras de historiadores como Greg Grandin, Stephen Rabe y Piero Gleijeses, además de documentos ahora desclasificados del archivo de seguridad nacional de Estados Unidos.

Autor: Frei Betto / TeleSUR

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