Apurímac, 04 noviembre 2026.- El Carnaval T’ika Orqo Sillarumi del distrito de Challhuahuacho, en la provincia de Cotabambas, fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura, mediante Resolución Viceministerial N.° 0313-2026-VMPCIC/MC.
La distinción reconoce su valor como expresión cultural que articula la espiritualidad, las actividades agrícolas y ganaderas, y las formas de organización social de las comunidades quechuas de la zona.
Esta manifestación tradicional reúne a las localidades de Huancuire, Anta Anta, Patario, Huaraccoyo, Queuña, Chontahuillque, Choccoyo, Llamahuire, Cuchuhuacho, Tambulla, Lahuani y Pararani, que mantienen vigentes sus costumbres, expresiones musicales y dancísticas, así como sus formas tradicionales de organización, estructuradas en tres ayllus: Qhapa, Qongota y P’isa.
La festividad se celebra entre enero y marzo, durante la temporada de lluvias, periodo considerado sagrado por las comunidades, que agradecen a la Pachamama y a los apus por la fertilidad de la tierra y la reproducción del ganado. Asimismo, representa la renovación de la naturaleza y el florecimiento social, físico y espiritual de los jóvenes, concepto conocido como poqoy pacha.
La música y el canto en quechua ocupan un lugar central en esta celebración. Entre los instrumentos tradicionales destacan la lawita, flauta de madera interpretada por los varones, y la tinya, tamboril ejecutado por las mujeres. Ambos acompañan los cantos de cortejo, cohesión comunitaria y desplazamiento, denominados takiy, iphalay y pashias.
Otro elemento distintivo es la vestimenta tradicional, denominada P’acha Ruway, elaborada principalmente con bayeta y lana de llama. Esta comprende polleras rojas y azules, fajas o chumpis y el uso ceremonial de banderas o iphalas. La celebración incluye también la demostración ecuestre del Muyumuna, que se realiza en la cumbre ritual.
La declaratoria reconoce al Carnaval T’ika Orqo Sillarumi como un espacio de transmisión intergeneracional de conocimientos y prácticas ancestrales que contribuye a la preservación de la lengua quechua, las expresiones musicales y las técnicas textiles tradicionales.
Asimismo, pone en valor su aporte a la cohesión comunitaria, la reciprocidad a través de la minka y la continuidad de la identidad cultural yanawara, así como de la memoria histórica y la organización de los ayllus.