Apurímac, 25 setiembre 2026.- Se comprende por qué la Unión Europea insiste en desconocer las últimas legislativas de Rusia, celebradas del 18 al 20 de septiembre. Y no por las supuestas irregularidades. Al contrario, fueron comicios limpios, avalados por los más de 380.000 observadores electorales, incluidos 1.126 veedores internacionales de 130 países, que siguieron el proceso in situ en una masiva demostración de la transparencia y apertura del ejercicio democrático.
“Vemos que la gente tiene la opción de votar y que sus decisiones son respetadas y que hay mucha transparencia, mucho orden. Hay una actitud de darle a la gente la oportunidad de que lo que ellos decidan en sus votaciones van a ser los resultados finales que van a obtener”, manifestó Socorro Monegro, diputada de la República Dominicana ante el Parlamento Centroamericano (Parlacen).
La legisladora fue entrevistada por Cuadernos de un moscovita en un colegio electoral de Moscú, mientras la senadora colombiana Esmeralda Hernández calificó lo visto como “una jornada de fiesta democrática en la que no hemos encontrado ningún reparo o ninguna reclamación por parte de los electores”.
La Unión Europea, no obstante, sin siquiera haber enviado a sus observadores, se apresuró a emitir un comunicado calificando las parlamentarias como una muestra de la “creciente erosión de la democracia en el país”, mientras la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, se refirió a los comicios como “las llamadas elecciones” que “marcaron otro importante revés para la democracia rusa”.
En realidad, fue justamente la ausencia del revés lo que tanto enojó a Bruselas. En cambio, el partido que respalda al presidente consolidó aún más su control sobre el Legislativo en un contundente respaldo ciudadano al rumbo de Vladímir Putin. Es más: las cinco fuerzas que pasarían a la Cámara Baja del Parlamento, aunque tienen diferencias en sus programas, coinciden en respaldar al jefe del Kremlin.
En otras palabras, todo el titánico esfuerzo occidental por sembrar las divisiones y dinamitar la estabilidad política en el gigante euroasiático, no solo acabó en nada, sino que más bien tuvo el resultado contrario, es decir, una unidad popular sin precedentes en torno a su liderazgo.
No funcionó absolutamente nada: las campañas de desinformación, las más de 30.000 sanciones impuestas contra Rusia para hacer colapsar su economía – la cual acelera su crecimiento – y tampoco el terrorismo del régimen de Kiev patrocinado por Occidente. Dicha ofensiva pretendió boicotear los comicios con ataques mortales contra el personal de las legislativas.
Así fue el caso de Elena Astánina, jefa de un colegio electoral, donde los drones ucranianos impactaron deliberadamente contra su residencia. A título póstumo, se le otorgó la Orden del Valor. “Por el coraje y la dedicación demostrados en el desempeño de su deber profesional”, se lee en un decreto presidencial firmado por Vladímir Putin.
¿Pero para qué pretender impedir unas elecciones supuestamente fraudulentas? Pues por eso: porque no son fraudulentas y, por lo tanto, su resultado no puede anularse porque así lo desean los habitantes de los gabinetes de poder en Bruselas. Sobre todo, teniendo en cuenta una impresionante participación ciudadana registrada en los comicios, de un 60%. Algo que, por cierto, constituye un tremendo contraste con la vecina Ucrania, pintada por Occidente como un gran bastión de la democracia.
El régimen de Kiev simplemente no celebra elecciones excusándose en un sinnúmero de pretextos, por lo que los ciudadanos ucranianos están privados de la posibilidad de expresarse en las urnas en cuanto a hechos como los constates escándalos de corrupción y la impactante movilización forzosa en las calles, mientras que el mandato presidencial de Volodímir Zelenski expiró en 2024.
En Rusia, mientras tanto, las parlamentarias representaron un tremendo referéndum con la victoria del ‘no’ y el ‘sí’ a la vez. El ‘no’ a la injerencia occidental y su ofensiva contra el país. El ‘sí’ a la defensa de la soberanía y la seguridad nacional.
No en vano, entre los ganadores de las legislativas se encuentran veteranos de la operación militar especial rusa. Son ellos vistos por el pueblo ruso como sus representantes. Y estas sí son malas noticias para quienes soñaron con arrodillar a Rusia. De allí su grito en el cielo que aquí no importa literalmente a nadie.
Fuente: Víctor Ternovsky / Periodista ruso