Apurímac 4 septiembre 2026.- El expresidente colombiano Gustavo Petro llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) como parte de su primera gira como expresidente y en el comienzo de una nueva etapa en el terreno público y político lo hizo, además con una pregunta: ¿hacia dónde está fluyendo la historia?
Su propósito fue ordenar las piezas de un mundo que, desde su lectura, se acerca a una encrucijada: educación, inteligencia artificial, crisis climática, genocidio, concentración económica y democracia aparecen como expresiones de una misma transformación.
México fue uno de sus primeros puntos de contraste. El país “está en un proceso mejor que el nuestro, ha logrado varios periodos consecutivos, debe profundizarse”, afirmó. Después planteó las preguntas que guiaron su diagnóstico: “¿Hacia dónde?, ¿Cuáles son los peligros?, ¿qué nos pasó a nosotros?”.
Para responder, Petro recuperó el concepto de praxis. La política no puede reducirse a ganar elecciones ni a la actividad cotidiana de los movimientos sociales: también exige comprender el mundo en el que esas disputas ocurren. “No es lo mismo hace 10, 15 años que hoy”.
La crisis detrás de las crisis
Para Petro, la crisis financiera de 2008, la pandemia de Covid-19, el estancamiento de la productividad, las guerras, los genocidios y la emergencia climática no son fenómenos aislados. Forman parte de un agotamiento más profundo del capitalismo y, particularmente, del fracaso de un proyecto neoliberal.
“El neoliberalismo representa la última fase del capitalismo”, afirmó. Desde su perspectiva, el sistema perdió capacidad para transformar positivamente las condiciones de vida y comenzó a enfrentar contradicciones que ya no consigue resolver.
Petro recuperó el concepto de praxis. La política no puede reducirse a ganar elecciones ni a la actividad cotidiana de los movimientos sociales: también exige comprender el mundo en el que esas disputas ocurren
A esto se suma la crisis climática. Desde la Revolución Industrial, señaló Petro, el capitalismo ha dependido de carbón, petróleo y gas. La acumulación exige producir más, pero esa expansión continúa sostenida por combustibles fósiles. El resultado es una contradicción entre el crecimiento económico y los límites físicos del planeta.
Petro llevó esa contradicción hasta una palabra extrema: “omnicidio”. Si el modelo continúa por la misma ruta, dijo, la consecuencia podría ser la extinción de la humanidad.
La otra gran transformación está en las máquinas. Robots, computadoras y sistemas automatizados que permiten producir más con menos trabajadores.
Para Petro, la inteligencia artificial y las bases de datos profundizan un proceso iniciado con la industrialización y abre una pregunta decisiva: si cada vez se necesita menos trabajo, ¿Quién tendrá capacidad para consumir lo que las máquinas producen?
Los dueños de los números
Es aquí donde Petro cambia la escala de su análisis. El poder ya no está solamente en quienes controlan fábricas, bancos o recursos naturales, sino también en quienes controlan los softwares, las matemáticas y los datos.
“Los dueños de las matemáticas hoy son los dueños del mundo”, afirmó. El dinero es cada vez menos papel y más número y quien controla el software capaz de procesarlo adquiere una capacidad estratégica”.
Cada interacción digital produce información. “Cada vez que yo miro el celular o pongo una tecla, va una información que ellos van recogiendo”, explicó.
Petro relacionó esa acumulación con el Gran Hermano de George Orwell: una estructura capaz de observar, registrar y procesar la conducta social.
"El poder ya no está solamente en quienes controlan fábricas, bancos o recursos naturales, sino también en quienes controlan los softwares, las matemáticas y los datos." dijo Gustavo Petro
La inteligencia artificial aparece así como una herramienta ambivalente. Puede ampliar las capacidades humanas, pero también concentrar decisiones en quienes poseen los datos, los algoritmos y la infraestructura tecnológica. Y ahí aparece, para Petro, una nueva frontera del poder: la capacidad de intervenir no sólo sobre lo que las personas hacen, sino sobre lo que creen.
La fábrica algorítmica de la política
La conferencia pasó entonces de la teoría económica a una denuncia política concreta. Petro sostuvo que los mismos mecanismos utilizados para construir percepciones pueden intervenir en procesos electorales. Su relato coloca en el centro a bots, los softwares y empresas privadas que forman una red con alcance latinoamericano.
Uno de los nombres que mencionó fue el del consultor argentino Fernando Cerimedo. Vinculado con campañas y asesorías políticas en distintos países.
Petro lo colocó dentro de un circuito que conecta estrategias digitales, operadores políticos y nuevas formas de propaganda electoral.
El fenómeno no sería únicamente la existencia de cuentas falsas. El punto central es la capacidad de producir una realidad política artificial a una escala masiva. Petro afirmó que en las elecciones colombianas fueron utilizados dos millones de bots provenientes de Miami para bombardear las redes contra él e Iván Cepeda.
La operación, explicó, buscaba presentar a ambos como “guerrilleros sanguinarios” y producir un efecto psicológico en los electores. “Produjo un choque mental”.
Pero el mecanismo que describió va más allá de las redes sociales. Petro aseguró que sus equipos de matemáticas y estadística, integrados por unos 75 mil voluntarios, detectaron una manipulación en mil 350 puestos de votación.
Aseguró que, un software de una empresa israelí (llamada Black Cube) de seguridad privada instalado en el consulado colombiano de Los Ángeles podía identificar en fracciones de segundo dónde faltaban votos y agregarlos en determinadas mesas.
“Algoritmos israelíes actuando automáticamente y ya en el escrutinio permitían calcular en fracción de segundos si le estaban faltando votos y ponérselos en mil 300 puestos de votación”, afirmó.
Petro llegó al país después de reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum y, durante su estancia, planteó que el progresismo mexicano ha conseguido una continuidad que Colombia no tuvo
Los bots y el software, denuncia, forman parte de una misma arquitectura. Primero se interviene la conversación pública; después se condiciona la percepción sobre los candidatos y, finalmente, el algoritmo puede convertirse en una herramienta capaz de intervenir sobre el propio proceso electoral.
Por eso habló de una “matrix de la mentira”: una realidad fabricada mediante números y sistemas digitales que puede repetirse hasta instalarse en la mente colectiva “construido para insuflar, para introducir la mentira en la mente humana”, explicó.
Petro sostiene que el fraude político ya no necesariamente comienza en una urna. Puede comenzar mucho antes, cuando una sociedad es sometida a millones de mensajes automatizados que determinan qué candidato parece peligroso, qué información se vuelve visible y qué relato termina imponiéndose.
México y Brasil, la próxima disputa
A partir del caso colombiano, Petro trasladó la advertencia al resto de América Latina. Su preocupación no es únicamente quién ganó una elección, sino que las herramientas utilizadas en una campaña puedan convertirse en un método exportable.
“Es un sistema que se quiere expandir”, afirmó. Y después fue directo: “México está en peligro, Brasil ya viene y puede ser también Estados Unidos”. La frase condensó buena parte de su advertencia durante la conferencia.
Brasil aparece como un escenario inmediato porque este año enfrenta elecciones generales. México, en cambio, mira hacia las elecciones intermedias de 2027 y federales de 20230.
Petro colocó ambos procesos dentro de una misma disputa tecnológica: si las herramientas digitales pueden trasladarse de un país a otro, las próximas elecciones latinoamericanas podrían desarrollarse en un terreno distinto al de las campañas tradicionales.
En México, la advertencia adquiere una dimensión particular. Petro llegó al país después de reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum y, durante su estancia, planteó que el progresismo mexicano ha conseguido una continuidad que Colombia no tuvo. Sin embargo, considera que esa estabilidad también convierte al país en un espacio estratégico para quienes buscan disputar el rumbo político de la región.
“Ahora nos encontramos es con un mundo que nos está llevando a un tecnofascismo global, de control global de la humanidad”, afirmó Petro
Su advertencia no significa que México y Brasil enfrenten exactamente el mismo escenario colombiano. Lo que plantea es la posibilidad de que exista una tecnología política capaz de atravesar fronteras: operadores como Cerimedo, granjas de bots, sistemas de inteligencia artificial y empresas que trabajan con enormes volúmenes de datos pueden participar en campañas distintas utilizando métodos similares.
Brasil representa, además, una pieza decisiva del tablero latinoamericano. Por su tamaño económico, demográfico y político, una elección brasileña tiene efectos que trascienden sus fronteras.
Para Petro, la posibilidad de que las nuevas tecnologías sean utilizadas para intervenir en ese proceso convierte al país en uno de los principales terrenos de disputa entre proyectos políticos antagónicos.
México tampoco es un escenario secundario. Su posición económica, su relación con Estados Unidos y el peso que tiene dentro de América Latina hacen que cualquier transformación de su sistema político tenga repercusiones regionales. De ahí que Petro no hablara únicamente de una elección, sino de un método que podría expandirse.
Tecnofascismo o democracia
Es en este punto donde aparece su concepto de “tecnofascismo global”. Petro asegura que es la combinación entre concentración económica, control de datos, automatización, vigilancia y manipulación política.
“Ahora nos encontramos es con un mundo que nos está llevando a un tecnofascismo global, de control global de la humanidad”, afirmó.
Para Petro, esta transformación ocurre mientras el capitalismo enfrenta una crisis estructural. La robotización permite producir más, pero también concentra la productividad en quienes poseen las máquinas y los algoritmos. La inteligencia artificial puede liberar tiempo o convertirse en una nueva forma de subordinación.
Por eso cerró con una disyuntiva: “Muerte o vida”. Un camino conduce hacia la crisis climática, la concentración de la riqueza y el control tecnológico; el otro utiliza la productividad para reducir el tiempo de trabajo y ampliar las posibilidades humanas.
Fuente: Diario Red