Apurímac, 14 abril 2026.- Ya no se trata de una mera hipótesis ni de un hashtag viral en redes sociales. Es una realidad respaldada por cifras concretas. Con el 52% de las actas procesadas por la ONPE, seis partidos que hace poco eran parte del escenario político han quedado fuera del Congreso.
Esta vez, la valla electoral, que en el pasado parecía ser solo un trámite simbólico, ha funcionado como una verdadera guillotina política.
De los ocho partidos que, en algún momento, formaron parte de lo que se conoció como el “pacto mafioso”, solo dos han logrado resistir: Fuerza Popular y Renovación Popular. Los demás han sido arrastrados al vacío de la irrelevancia parlamentaria.
El golpe es severo. Alianza Para el Progreso, Perú Libre, Somos Perú, Podemos Perú, Avanza País y Acción Popular no lograron superar el umbral electoral. En otras palabras: están fuera del Congreso. Sin representación parlamentaria, pierden espacios de poder y, con ello, su capacidad de incidencia en decisiones clave.
Este hecho no es menor. Estamos hablando de agrupaciones que fueron centrales —y en varios casos, cómplices— en determinaciones cruciales del Legislativo en años recientes. Algunos se posicionaron desde un discurso moderado; otros adoptaron narrativas radicales o antisistema, pero todos terminaron siendo parte de un engranaje político que, al parecer, ha sido contundentemente rechazado en las urnas.
¿Es esto un voto de castigo? ¿Un signo de hartazgo del electorado? ¿O quizás una señal de que se está reconfigurando el paisaje político? Puede ser una mezcla de todo. Lo único indiscutible es que los votantes han emitido un mensaje claro y lo han hecho sin titubeos: esta vez cortaron cabezas.
Mientras las elecciones presidenciales mantienen a algunos en la incertidumbre, los primeros resultados empiezan a delinear un panorama provisional. Keiko Fujimori lidera en los conteos parciales con una base electoral que, pese a múltiples desafíos, sigue mostrando fuerza. Detrás de ella está Rafael López Aliaga, quien ha sabido consolidar un voto conservador que permanece estable.
Más abajo, se registra una cerrada competencia entre Jorge Nieto y Ricardo Belmont por un acceso al segundo lugar. Sin embargo, queda casi la mitad del escrutinio por procesar (48%), lo que significa que nada está completamente definido aún.
Lo que sí parece innegable es el mensaje subyacente: el ciudadano peruano no solo ejerce su derecho al voto, sino que también ajusta cuentas políticas. Y esta vez, el costo ha sido alto. La expulsión de seis partidos del Congreso no es una casualidad estadística; responde a un claro síntoma de cambio político.
El tablero tradicional ha quedado fracturado. Lo que traerá el futuro es incierto —como suele serlo en el Perú—, pero al mismo tiempo podría representar una oportunidad para redefinir las reglas del juego.
Fuente: Crónica Viva