Después de contemplar aterrado la ejecución de sus padres, de su hermano mayor y de sus parientes, el niño Fernando Túpac Amaru fue encarcelado en una celda de máxima seguridad en un castillo del Callao en Lima esperando el destierro hacia España. Pasaron dos años para que pudiera cumplirse la orden de expatriación.Â
Fueron embarcados 29 prisioneros, entre los cuales algunos miembros de su familia que habÃan sobrevivido a la represión. Caminaron setenta dÃas del Cuzco a Lima para ser encerrados en el Castillo Real Felipe, del Callao, y meses después embarcados en un navÃo repleto de oro y plata con destino a Cádiz. Con muchas tribulaciones en el viaje, llegaron a RÃo de Janeiro, allà repararon el barco para atravesar el Atlántico, y ya frente a las costas de Portugal, en Peniche, la nave naufragó al entrar al ojo de una tormenta.
No sabÃa nadar, pero gracias a la ayuda de uno de los jóvenes oficiales, el muchacho se salvó. Al llegar a tierra, una astucia hace que no lo tomen prisionero, al decir a las autoridades que él habÃa sido “ayudante de un oficial ahogadoâ€. Deambula en las costas de Peniche, al final decide entregarse a las autoridades españolas, pensando que, por este gesto, lo iban a librar de los castigos y las penas, que luego sufrió. Asà continúa este viacrucis de Fernandito Túpac Amaru, llegando con sus quince años a Cádiz. Encadenado, echado a las mazmorras de San Sebastián y luego a la de Santa Catalina, una prisión lúgubre y húmeda en la punta de una casi-isla de esta ciudad. En ese confinamiento sobrevive como puede.Â
Gracias a la mediación de un sacerdote, al cumplir los 17 años le escribe al Rey Carlos III pidiéndole su liberación, expone que su único delito era el haber nacido en la familia de los Túpac Amaru y que eso en sà mismo no era un pecado, pues nadie escoge en qué familia nacer.Â
Tiempo después es trasladado para estudiar en las escuelas PÃas de Getafe y de Lavapiés. Allà se esforzó por formarse con esmero, aprendiendo gramática, retórica, latÃn, filosofÃa, matemáticas y dibujo. En razón de un aprendizaje de las artes de gobierno, pidió ejercer un trabajo acorde con sus conocimientos. En Getafe, el adolescente lleva una vida martirizada, aislado, mal comido, mal dormido.
Casi un año después del fallecimiento del rey Carlos III, Fernando solicitó (1789) permiso para contemplar la ceremonia de coronación de Carlos IV. Fernando poseÃa ya una educación suficiente: FilosofÃa, Gramática, Retórica, Aritmética, etc. Expresó su deseo de ser funcionario de la Administración pública. Sugerencia que fue aceptada en un primer momento, para posteriormente ser rechazada, pues su origen familiar seguÃa despertando desconfianzas. Â
Atraviesa entonces un periodo difÃcil, los achaques de la prisión se manifiestan en su salud. Libre ya pero sin poder retornar a la patria, provoca en él una melancolÃa sin solución. El estado lamentable en que se encontraba era debido también a la mala alimentación porque la pensión económica que le habÃan asignado nunca llegó.
Poco antes de morir escribe esta carta, cuyo destinatario no he podido encontrar:
Exmo. Señor:
La innata bondad de V.E. le hará comprender mi mucha indigencia y que por
eso é recibido los Santos Sacramentos.
Hace años se me niega la pensión por Real orden menos se me deja trabajar en
oficina para lo que fui preparado. É recurrido a la TesorerÃa Mayor y no existe
equidad en su criterio y menos se me atiende a las varias reclamaciones. Con la
salud quebrantada á causa de un injusto cautiverio sufrido desde los 13 años
suplico humilde ordene se cumplan las leyes en España. Sin recursos para
alimentos y baños medicinales es imposible subsistir además con una vejez
prematura. A causa de muchas deudas acumuladas soy perseguido y
demandado por acreedores. Dios Todopoderoso sabe cómo pude soportar
estoico 17 años enterrado vivo en diversas mazmorras solo por el delito de
haber nacido inocente y libre para después ser convertido en este reino en una
sombra que duele.
Madrid 2 de diciembre de 1798
B.L.P. de V. E. su más
Humilde y rendido criado.
Fernando Túpac Amaru Bastida
Fernando Túpac Amaru murió en agosto de 1799 a los treinta y un años, diecinueve años después de la rebelión Tupacamarista, y a una década posterior a la Revolución Francesa. Al morir sabÃa que en Ceuta estaba detenido su tÃo Juan Bautista Túpac Amaru, quien quince años después regresó vÃa Buenos Aires y se convirtió en uno de los referentes del proceso de independencia de las Provincias Unidas del Sur.
En sus Memorias Juan Bautista habla con cariño de su sobrino, de su encarcelamiento en el Cuzco, su destierro a España y de los estudios que allà realizó.
Fuente: del libro "Este cautiverio y agonÃa sin fin. Fernando Túpac Amaru Bastidas" (2018)