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Cartel de Los Soles: Los fiscales de Trump admiten que no pueden demostrar en la justicia la principal excusa para atacar Venezuela

En la acusación contra Nicolás Maduro, el Departamento de Justicia no presenta cargos en su contra por liderar “El Cartel de los Soles”

Cartel de Los Soles: Los fiscales de Trump admiten que no pueden demostrar en la justicia la principal excusa para atacar Venezuela

Apurímac, 9 enero 2026.- El Cartel de Los Soles se vendió como la principal excusa para justificar la intervención en Venezuela; incluso, el propio Departamento de Estado lo declaró como una organización terrorista extranjera para justificar el asesinato o secuestro de sus cabecillas, entre ellos, Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela. 

Sin embargo, para el Departamento de Justicia, liderado por los antiguos abogados de Trump, Pam Bondi y Todd Blanche, su existencia ni siquiera fue tomada en cuenta a la hora de presentar cargos contra Maduro frente al juez Alvin Hellerstein de Nueva York; entre los delitos de los que se acusa al presidente y su esposa, Cilia Flores, aparece, por ejemplo, “conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para el tráfico de cocaína a Estados Unidos, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos y conspiración para la posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos”.

En vez de acusarlo de liderar un cartel del narcotráfico, los fiscales del Departamento de Justicia afirman, en un escrito, que Maduro; “participa, perpetúa y protege una cultura de corrupción en la que las poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes. 

Las ganancias de esta actividad ilegal fluyen hacia funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos, quienes operan en un sistema clientelar dirigido por los de arriba, conocido como el Cártel de los Soles, en referencia a la insignia del sol que lucen los uniformes de los altos mandos militares venezolanos”. Lo que sostienen, en definitiva, es que el Cartel de los Soles vendría a ser un sistema descentralizado del que presidente participaba.

No es un detalle menor dado que en la antigua acusación del Departamento de Justicia de la primera administración trumpista, presentada en el Distrito Sur de Nueva York,  se nombra 32 veces al Cartel de Los Soles y califica a Maduro como su líder. En esta nueva presentación, los abogados personales de Trump, reconvertidos en jefes de fiscales públicos, nombran solo dos veces al cartel y hablan de que Maduro, al igual que Chávez, participó, perpetúo y protegió “una cultura de corrupción y un sistema clientelar”. 

La ambigüedad de estas palabras permite, en el futuro, estirar los términos jurídicos para acusar a cualquier otro Jefe de Estado de lo mismo, si Washington consideran que cualquier acto de su gobierno promueve una “cultura y sistema” de este tipo.

En esta nueva presentación, los abogados personales de Trump, reconvertidos en jefes de fiscales públicos, nombran solo dos veces al cartel y hablan de que Maduro, al igual que Chávez, participó, perpetúo y protegió “una cultura de corrupción y un sistema clientelar

Para Elizabeth Dickinson , subdirectora para América Latina del International Crisis Group, el cambio pone en tela de juicio la designación del Cartel de los Soles como una organización terrorista extranjera similar a Al Qaeda y el Estado Islámico, una calificación empleada por la Casa Blanca para justificar su campaña de ataques a lanchas en El Caribe y el secuestro de Maduro. 

Esta calificación está basada en la primera presentación judicial hecha en 2020 por el antiguo fiscal Emil Bove III, entonces jefe de la unidad de terrorismo y narcóticos internacionales de Nueva York. “Las designaciones no tienen que demostrarse en un tribunal. Claramente, sabían que no podían probarlo en un tribunal”, según Dickinson.

En la acusación por conspiración para traficar cocaína a Estados Unidos, el Departamento de Justicia sostiene que varias figuras del chavismo, entre ellas Maduro, su hijo, Nicolás Maduro Guerra, Diosdado Cabello, y Ramón Rodríguez Chacín, exministro del Interior de Chávez y Cilia Flores, trabajaron con organizaciones, como las guerrillas colombianas Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia, El Ejército de Liberación Nacional y el cartel del narco Sinaloa, para traficar cocaína a Estados Unidos entre 2000 y 2025. 

También se habla de una supuesta relación con Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, líder del Tren de Aragua, para hacer lo mismo. 

Un vínculo cuya mayor prueba, según los fiscales, es una llamada telefónica entre el líder del Tren de Aragua y un supuesto funcionario venezolano donde se habla de custodiar “cargamentos de droga”. 

Según el escrito; “los acusados, juntos y con otros, participaron en una campaña implacable de tráfico de cocaína durante todo el período de tiempo imputado en esta acusación formal sustitutiva, lo que resultó en la distribución de miles de toneladas de cocaína a los Estados Unidos. Solo en 2020, el Departamento de Estado estimó que entre 200 y 250 toneladas de cocaína se traficaban a través de Venezuela anualmente”.

“Las designaciones no tienen que demostrarse en un tribunal. Claramente, sabían que no podían probarlo en un tribunal”, Elizabeth Dickinson , subdirectora para América Latina del International Crisis Group

Otras acusaciones de las que se habla, es la supuesta venta de pasaportes, durante la época de canciller de Maduro, a narcotraficantes para llevar su dinero de México a Venezuela. También, supuestos envíos de drogas a través de buques y aviones, algunos decomisados en México y Francia, organizados por Diosdado Cabello, el hijo de Maduro y el exministro del Interior, Rodríguez Chacín, junto a las FARC, el ELN, y en algunos casos, el Chapo Guzmán, el cartel de Sinaloa y el jefe del Tren de Aragua. 

Las pruebas documentales presentados son; testigos cooperantes, antiguos funcionarios venezolanos reconvertidos en colaboradores estadounidenses, grabaciones de audio de la Administración de Control de Drogas (DEA), declaraciones de co conspiradores, reconvertidos en cooperantes como Hugo “el Pollo” Carvajal, exjefe de inteligencia de Hugo Chávez conocido por inventar varias historias en la justicia española como el “financiamiento chavista a Podemos”, y Cliver Álcala Cordones, un exgeneral venezolano que entrenó en 2020 a mercenarios y exmilitares venezolanos para arrestar o asesinar a Maduro en la fallida operación Gedeón,  registros de transferencias financieras, conferencias de prensas públicas, e intercepciones telefónicas al jefe del tren de Aragua.

Como pasó con el proceso judicial contra el guerrillero colombiano Simón Trinidad de las FARC, es posible que, a medida avance, se armen nuevas pruebas y se tuerzan las reglas judiciales para conseguir una condena contra Maduro y su esposa. En aquel juicio, según el libro Simón Trinidad: el hombre de hierro escrito por Jorge Botero, los fiscales presionaron a testigos y el propio magistrado impidió que el guerrillero ejerciera su legítimo derecho a la defensa al prohibirle hablar del contexto histórico y otros hechos importantes que eran importantes para enfrentar el juicio. 

Trinidad pasó la mayor parte de su presidio en una celda pequeña y sin luz, similar a la que ocupan ahora Maduro y Flores en la cárcel Metropolitana de Nueva York, la misma en la que estuvo hasta hace poco tiempo la esposa de Jeffrey Epstein, Ghislaine Maxwell, hasta su traslado a una prisión de mínima de seguridad después de mostrarse a favor de colaborar con los fiscales de Trump.

La nula existencia del Cartel de los Soles en la acusación coincide con el hecho de que, en sus informes, la DEA nunca ha hablado de él en su Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas, en donde se enumera todos los años a las principales organizaciones narcos. Tampoco lo ha hecho la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en su Informe Mundial sobre Drogas, publicado anualmente.

El Cartel de los Soles no nació de un operativo de drogas, ni tampoco de una mega investigación de crimen organizado, sino de un operación de prensa del medio español ABC el 27 de enero de 2015, cuando su corresponsal en Washington, Emili J. Blasco, citó las confesiones del exguardia presidencial de Hugo Chávez, Leamsy Salazar, en las justicia estadounidense, sobre que existía Salazar un “cartel” dirigido por Diosdado Cabello, por entonces presidente de la Asamblea Nacional. Un operador del “narcoestado en que Chávez convirtió Venezuela”, según la supuesta declaración de Salazar, informante de Estados Unidos, frente a la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York.

Blasco, quien había sacado diversas noticias sobre salud de Chávez basada en informes de inteligencia estadounidense, fue el primero en lanzar una serie de notas donde se hablaba del fantasmagórico Cartel de Los Soles. Meses después, el 18 de mayo, Juan Forero, corresponsal de Wall Street Journal, habló de una investigación de la Administración de Control de Drogas (DEA), y fiscales federales de La Florida y Miami, sobre la “explosión del tráfico de cocaína” en Venezuela desde que “muchos narcos colombianos se mudaran a ese país”. 

Jackson Dieh, uno de los editores de Washington Post, fue mucho más allá, el 23 de mayo de ese año, al hablar de que que Chávez había convertido Venezuela en un “santuario para narcoguerrilla colombiana porque les permitió traficar con cocaína de Venezuela a los Estados Unidos con la ayuda del ejército venezolano”.

El Cartel de Los Soles se lanzó con fuerza este año donde también fueron detenidos por la DEA en Haití, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, acusados de planificar el tráfico de droga a Estados Unidos. 

Para buscar el origen del término, en realidad, hay que irse hasta principios de los años 90 cuando el general venezolano Ramón Guillén Dávila, jefe de los Servicios Contra Tráfico de Drogas de la Guardia Nacional venezolana, y su sucesor, Orlando Hernández Villegas, fueron acusados de haber introducido 22 toneladas de cocaína a Estados Unidos en una controvertida operación implementada por la Agencia Internacional de Inteligencia para infiltrar carteles del narco colombianos.

Venezuela, sin embargo, no es ni un gran proveedor de esta droga, ni tampoco lo es de cocaína según The New York Times. Por las aguas venezolanas solo sale el 8% de la cocaína que llega a Estados Unidos, y ni un gramo de fentanilo, según los propios informes de la DEA.

Fuente: Diario Red 

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