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La BBC prohíbe a sus periodistas que digan que Maduro ha sido “secuestrado” y les insta a decir “capturado” o “aprehendido”

Esa “prudencia” alcanzó niveles críticos en la cobertura del genocidio en Gaza, provocando una rebelión interna sin precedentes en la cadena.

La BBC prohíbe a sus periodistas que digan que Maduro ha sido “secuestrado” y les insta a decir “capturado” o “aprehendido”

Apurímac, 9 enero 2026.- Un pantallazo filtrado en redes sociales ha vuelto a colocar a la BBC en el centro de una vieja polémica que, en realidad, es una disputa por la hegemonía del relato. El documento, un presunto memo interno con instrucciones precisas sobre cómo cubrir los recientes acontecimientos en Venezuela, muestra como la corporación pública británica prohíbe taxativamente el uso de la palabra "kidnapped" (secuestrado) para referirse a la intervención militar estadounidense para secuestrar y sacar de su país a Nicolás Maduro. 

En su lugar, la dirección editorial impone términos asépticos como "captured" (capturado) o "seized" (apresado), una limpieza semántica que no busca precisión, sino fabricar una legitimidad implícita para las acciones estadounidenses. Esta filtración no es un error de cálculo, sino una ventana abierta al funcionamiento de una maquinaria que utiliza el lenguaje como un campo de batalla geopolítico.

La instrucción de evitar términos criminalizantes para los aliados de Londres como revela el pantallazo no es neutral; desplaza el foco del acto hacia una supuesta legalidad institucional, borrando de un plumazo el marco del derecho internacional. Esta "prudencia" selectiva de la BBC es la que permite que, mientras se informa, se elijan palabras que atenúan, diluyen o desplazan responsabilidades cuando los intereses del eje angloestadounidense están en juego.

Esa “prudencia” alcanzó niveles críticos en la cobertura del genocidio en Gaza, provocando una rebelión interna sin precedentes en la cadena. Más de un centenar de empleados firmaron una carta abierta denunciando que la BBC estaba fallando a su audiencia al aplicar una humanización selectiva de las víctimas. 

Los trabajadores revelaron que existe una orden no escrita para utilizar términos emotivos como "masacre" o "barbarie" casi exclusivamente para las víctimas israelíes, mientras que las matanzas de palestinos se relatan con una frialdad estadística y el uso sistemático de la voz pasiva, evitando señalar directamente al ejecutor de los bombardeos.

La tensión en las redacciones derivó en una fuga de profesionales que se negaron a ser cómplices de lo que calificaron como una "autocensura dirigida". 

Periodistas como Karishma Patel, tras abandonar la cadena, han denunciado que la organización está lisiada por el miedo y que la dirección bloquea contenidos que incomoden al lobby pro-Israelí, como ocurrió con el documental Gaza: Medics Under Fire, metido en un cajón a pesar de cumplir todos los estándares de rigor periodístico. 

Esta censura preventiva se confirma con los análisis de datos del Centre for Media Monitoring, que demuestran que las muertes israelíes reciben hasta 33 veces más cobertura por víctima que las palestinas, silenciando además de forma sistemática el contexto de apartheid y ocupación que la propia ONU reconoce.

El doble rasero se volvió obsceno cuando se comparó esta cobertura con la del conflicto en Ucrania. En ese escenario, la BBC no tuvo reparos en alentar el uso de términos como "invasión ilegal", "crímenes de guerra" y "atrocidades" desde el primer día para describir las acciones rusas. 

Sin embargo, ante evidencias idénticas en Gaza, la cadena impuso una cautela extrema que prohíbe hablar de "genocidio" incluso para citar las investigaciones de la Corte Internacional de Justicia. 

Esta asimetría demuestra que la famosa imparcialidad de la corporación no es un principio ético, sino una técnica narrativa que se activa o desactiva según la conveniencia del Foreign Office.

En definitiva, el memo filtrado sobre Venezuela es solo una pieza más de un rompecabezas donde la BBC actúa como un gestor de límites invisibles. Para una corporación que se vende como el estándar de la independencia, estas prácticas erosionan su credibilidad hasta convertirla en una herramienta de propaganda más, reforzando la certeza de que, cuando la hegemonía está en disputa, el periodismo honesto es la primera víctima de sus manuales de estilo.

Fuente: Diario La Red 

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