(Viernes 12/11/2021).- La collalba gris (Oenanthe oenanthe) es una ave paseriforme de la familia de los túrdidos, de apenas veinticinco gramos de peso y de aspecto elegante. Su nombre procede del griego ainos (vino) y anthos (flor), ya que regresa puntualmente a Grecia con la primavera, cuando las vides comienzan a florecer.
Es un ave fácil de distinguir gracias a su obispillo –la zona en la que nace la cola– que es de color blanco y que destaca sobre una "T" invertida de coloración negruzca, perfectamente visible mientras vuela.
El dorso de los machos es de color gris azulado, sus alas son negras y su pecho ocre, a diferencia del plumaje de las hembras que es, generalmente, de color marrón grisáceo.
Además de estas caracterÃsticas anatómicas es fácil distinguir al macho de la hembra por lucir un antifaz negro con una ceja blanca.
La collalba gris es insectÃvora y entre sus platos favoritos figuran larvas, ciempiés, insectos, arañas, caracoles… que captura de una forma muy particular. Se mantiene en espera inmóvil en un lugar elevado, habitualmente una piedra, desde donde se lanza en un vuelo acrobático y rasante, que recuerda al que realiza el halcón, hasta hacerse con su botÃn.
Estamos ante una especie de enorme éxito biológico que ha conseguido extender su territorio de crÃa a lo largo de grandes extensiones localizadas en Asia, Europa y América, con un área total superior a los dos millones de kilómetros cuadrados. Los ornitólogos han encontrado poblaciones desde Islandia hasta el litoral de Groenlandia, pasando por Alaska y la costa atlántica de Canadá.
En el Viejo Continente podemos encontrar a la collalba gris desde las estepas y llanuras centrales hasta las fachadas atlánticas y los ecosistemas mediterráneos.
Una odisea no exenta de peligros
Ahora bien, y aquà está la verdadera singularidad de esta ave, todas estas poblaciones tienen que emigrar hasta los cuarteles de invernada en Ãfrica, en un cinturón geográfico subsahariano que se extiende desde Senegal hasta Kenia.
Asà por ejemplo, un ejemplar que se crÃa en Alaska debe recorrer el estrecho de Bering, las estepas de Siberia y Mongolia, las tierras de Asia Menor, el desierto del Sáhara y acceder, tras una singladura próxima a los treinta mil kilómetros, a las sabanas de Sudán.
La collalba gris es capaz de cruzar continentes, atravesar cordilleras y mares gracias a un complejo sistema GPS que se nutre de información que le llega de la posición solar, de las estrellas y del campo magnético terrestre.
En algún caso se ha identificado poblaciones que cruzan desde Canadá o Groenlandia a las islas Británicas y desde allà hasta Europa occidental, alcanzado el continente africano a través de la penÃnsula Ibérica. Una ruta un poco más corta, aproximadamente de "tan sólo" quince mil kilómetros.
Este viaje es en uno de los ciclos migratorios más largos observados entre las aves y el único que une fÃsicamente dos ecosistemas diferentes del Viejo Mundo con las regiones árticas del Nuevo Mundo.
Un ave de hábitos terrestres
Es posible verla en la PenÃnsula Ibérica, al tratarse de un habitante asiduo de dunas, pastizales, roquedos y zonas de matorral bajo. El espectador avisado es capaz de distinguirla gracias a su pose erguida sobre las rocas o dando pequeños saltitos en el suelo.
Es precisamente allÃ, sobre la tundra seca, en huecos debajo de las rocas, en grietas entre piedras grandes o, incluso, en las madrigueras de roedores donde construye su nido.
Generalmente es la hembra la encargada de su manufactura, a partir de hierbas, ramas pequeñas y maleza, con las que moldea un cuenco, que terminará forrando con lÃquenes, musgos y pequeñas raÃces.
Sabemos que la collalba gris establece, habitualmente, vÃnculos de pareja monógamos y que es durante los meses de abril y junio cuando tiene lugar el periodo de crÃa, con la puesta de seis huevos de color azul claro. A los recién nacidos les bastará tan solo catorce dÃas para abandonar el nido paterno y recrearse en sus primeros vuelos acrobáticos.
Fuente: ABC